jueves, 26 de marzo de 2020


Entrenando la caligrafía
Mejora de la competencia caligráfica

En las siguientes líneas elaboraremos una estrategia de intervención para un alumno cuyo con mala letra, el cual comete errores en los trazados y posee una evolución tardía en el desarrollo de la misma. En primer lugar, comenzaremos hablando de estrategias de motivación, en orden de implicar al alumno para con la tarea. Posteriormente, pasaremos a establecer los materiales de intervención, adecuados a sus circunstancias y de auténtica resonancia significativa. A continuación, describiremos el proceso de trabajo en cuanto a criterios organizativos. Y ya por último, daremos cuenta del criterio de evaluación a seguir en el compendio de la intervención.

1. Estrategias de motivación

Mejorar la competencia ortográfica no requiere solo de intervenciones prácticas aplicadas desde una reflexión teórica, sino que precisa, también, de estrategias de motivación para el alumnado. Todo aprendizaje se ve reforzado en tanto en cuanto sus participantes entienden por qué están trabajando un determinado contenido, cuál es el proceso de desarrollo, y cómo lo están deslindando. Las metodologías de base constructivista comprenden estos tres ítems, por lo que son de lo más útiles en lo que a la motivación para la realización de trabajos de competencia escritora se refieren. Dichas metodologías trabajan, por un lado, sobre una aproximación global al lenguaje escrito, por otro con un enfrentamiento analítico con material escrito, también tratan de leer y compartir significados, y por último, asumen una escritura espontánea por parte del alumno. Una buena forma de empezar a trabajar la caligrafía, sería a través de la repartición de tres tarjetas de diferentes colores a cada alumno de la clase. Se les pedirá escribir en ella algo, cualquier cosa, teniendo que corresponder las tarjetas verdes a nombres de personas (quizás el de papá y mamá), la roja a nombres de marcas (una marca de ropa, por ejemplo), y la azul a nombres de desayunos (un tipo de cereales, o de mantequilla). A modo de ejemplo, el niño podría escribir las palabras: Ramón, Vans y Choco Krispis. A continuación, se les pedirá que, por la parte de atrás de esas tarjetas, realicen un dibujo de lo que han escrito. El maestro irá pasando por las mesas preguntando: ¿A ver cómo lo has hecho? ¿Me dejas copiarlo en este papel? ¿Te dejo aquí mi papel por si quieres cambiar algo del tuyo? Haciendo siempre referencia al estilo caligráfico (al poseer la tarjeta referencias, seguramente la letra se haya torcido, no sea direccionada, y se haya frustrado el intento de escribir bien, en cierto sentido. No se trata de una actividad de mejora de la caligrafía en sí, sino un simple acercamiento motivacional al trabajo que van a realizar después, lo importante es que el maestro muestre interés y que el alumno lo vea reflejado, de forma constante, en la corrección de su tarea. Esto impulsará al niño a querer seguir realizando tareas de este tipo, siendo muy importante que vea sus propios progresos, que vaya mejorando significativamente para no estancarse en un simple proceso de hacer por hacer una actividad, sin llegar a entender el por qué, el procedimiento, o el cómo.

2. Materiales de intervención

Una vez establecidas las estrategias de motivación, cabe señalar cuáles van a ser los materiales de intervención para la mejora de la competencia caligráfica. Es necesario tener en cuenta que lo que nos importa en dicha competencia no es la letra bonita, en su sentido más general (y subjetivo), sino una letra legible y clara, por lo que los objetivos para con este alumno, el cual presenta errores en el trazo, así como una letra menos evolucionada que el resto, deben versar en liberar el trazo y discriminar la direccionalidad. Es por tanto imprescindible no basar nuestros materiales en simples plantillas de puntitos sobre los que escribir encima. Dicha actividad no hace más que forzar la mecánica de escritura, así como alterar esta libertad de la que venimos hablando. Es importante que el niño mejore, pero desde la práctica de un automatismo que se redefine constantemente, no se puede empezar a construir la casa por el tejado. Aun con esto (y no hay que confundir con lo dicho con anterioridad), sí que debemos basar nuestro entrenamiento en técnicas de modelado, ya que la observación e imitación de un modelo aporta una referencia objetiva sobre los propósitos.

El primer material a utilizar serán los microcuentos. Se trata de cuentos de uno o dos párrafos, con alguna historia interesante, y que el niño debe de copiar. Las letras serán grandes, y poseerá ciertos adornos, tales como hilos, lazos y algunos dibujos relacionados con la historia. Se trata de entregarles dos fichas, unas con el microcuento y otras en blanco, aunque con algunas referencias, tales como algunas palabras ya escritas, unos dibujos a medio completar, etc. De esta forma, sin marcarle un recorrido, liberamos el trazo a la vez que le forzamos a adaptarlo a las palabras que hay sueltas. Por ejemplo, si la frase que tiene que copiar de la ficha de modelado es Había una vez un barquito chiquitito, y en su ficha de copia aparece solo la palabra barquito, está claro que Había una vez un, aunque puede escribirlo de forma libre tendrá que adaptarlo para que al terminar un se siga la palabra barquito en un formato parecido. De esta forma, por un lado se liberará el trazo, y por otro se dominará la direccionalidad. Además, y con los adornos y dibujos, se pretenderá trabajar, en segundo plano, la grafomotricidad (aun no siendo esta relevante como método para un entrenamiento como el que proponemos, pero sí como recurso).

El segundo material serán las fichas de sustitución. Se trata de fichas rectangulares y alargadas donde aparece una frase en la que algunas de sus palabras han sido sustituidas por dibujos. Por la parte de detrás, el alumno debe de copiar la frase y sustituir el dibujo por la palabra que cree que cuadra. Por ejemplo, la frase podría ser Eran las once de la mañana y yo aun estaba en la cama, y que las palabras once y cama estén sustituidas por dibujos de un reloj analógico marcando las 11 y una cama respectivamente. Posteriormente, los niños se pasarán las tarjetas entre ellos para ver si alguno observa algún error. De esta forma, los alumnos tendrán la responsabilidad de copiar la frase de forma legible y clara, trabajándose estos dos objetivos tan imprescindibles en la caligrafía, como hemos podido señalar.

El tercer material será el de plantillas de memoria. Se trata de un trabajo por parejas, en el que el profesor repartirá a cada una, una tarjeta con un total de cuatro frases (dos en una cara y dos en otra) así como una pila de pegatinas blancas para escribir encima. Las dos frases de una cara serán las mismas que las de la otra. Los dos leerán las frases, y posteriormente un miembro de la pareja se tapará los ojos mientras el otro colocará dos pegatinas encima de dos palabras de la primera frase. Una vez hecho esto, se le pedirá al primero que averigüe la palabra que había ahí y la escriba sobre la pegatina. Luego se pasará a comprobar si lo ha hecho bien mirando la parte de atrás. A continuación, será el turno del otro compañero, que trabajará con la segunda frase. Por ejemplo, si la frase es Había un gato en el tejado de la casa de al lado, un participante podrá poner una pegatina sobre tejado, y el otro tendrá que averiguar y escribir tejado. Al ser las palabras lo suficientemente grandes, nuestro alumno escribirá la palabra liberando de nuevo el trazo, y por otra parte trabajando de nuevo la direccionalidad para conectar con la palabra que le sucede. Sentirá, también, la necesidad de escribir dicha palabra en el mismo formato que las demás. Al finalizar, las parejas se podrán remover y las nuevas adquirirán una nueva tarjeta.

3. Proceso de trabajo

Ya expuestas tanto las estrategias de motivación como los materiales de intervención, cabe hablar del proceso de trabajo. En primer lugar, y en lo que al espacio se refiere, parece que el aula de referencia es el más adecuado, ya que un entrenamiento de competencia caligráfica requiere de un espacio cómodo, una silla, y una mesa (adaptadas a las características físicas del alumno); es decir, no se puede hacer en cualquier sitio. En relación al tiempo, y dado que es una tarea que se centra más en automatizar un mecanismo, no teniéndose que escuchar, pensar o razonar mucho, creo conveniente hacerlo a última hora de la tarde (y así dejar las mañanas para actividades que requieran cumplimentar estos ítems) durante un total de tres días. A modo de ejemplo, el martes de 16:15 a 17:00 la primera actividad, el miércoles en el mismo horario la segunda, y el jueves en el mismo también, la tercera.

Las actividades que compondrán dicho entrenamiento serán el copiado de microcuentos, el juego de la sustitución, y el ejercicio de memoria. Los tres seguirán las pautas organizativas implicadas en los materiales expuestos anteriormente. La primera de las actividades, se realizará de forma individual durante un total de 45 minutos, siendo 10 de explicación, 20 de desarrollo, y 15 de corrección. La segunda de estas se realizará con una disposición del aula en U para que se puedan pasar las fichas unos a otros y que se vayan corrigiendo. Los niños que crean que una ficha está bien pondrán un tick verde, y los que piensen que está mal una cruz roja. Se realizará durante un total de 45 minutos, siendo 10 de explicación, 15 de desarrollo, y 20 de corrección. La tercera y última actividad se realizará en una disposición del aula por parejas. Se realizará el ejercicio un total de tres veces, de forma que cuando se termine una ficha, las parejas cambiarán de un sitio a otro revolviéndose, y el maestro hará una nueva repartición de materiales. Se realizará durante 45 minutos, siento 10 de estos de explicación y 35 de desarrollo, teniendo así 10 minutos por pareja y hasta 5 en total para las rotaciones.

4. Sistema de evaluación

Completado el entrenamiento, y suponiendo una correcta implicación por parte del maestro en las estrategias de motivación, los materiales de intervención y el proceso de trabajo, es tiempo para establecer un sistema de evaluación que nos asegure la consecución de los objetivos marcados. Dado que estos objetivos versan en obtener una letra legible y clara a través de métodos para liberar el trazo y dominar la direccionalidad mediante el copiado y la repetición de grafías, parece conveniente elaborar la rúbrica que encontramos a continuación para asegurar su cumplimentación.

Evaluación
Insuficiente
Suficiente
Bien
Notable
Sobresaliente
Trazado
No mejora su trazado en ninguna actividad.
Mejora su trazado en una actividad.
Mejora su trazado en dos actividades.
Mejora su trazado en las tres actividades.
Mejora significativamente su trazado en las tres actividades.
Direccionalidad
No posee una referencia del eje horizontal.
Se sale del eje de referencia horizontal.
Escribe sobre el eje aunque se sale algunas veces.
Escribe sobre el eje de referencia sin apenas salirse.
Escribe sobre el eje de referencia sin salirse.
Legibilidad
No logra que los compañeros lean lo que escribe.
Solo logra que los compañeros lean algo de lo que escribe
Logra que los compañeros lean lo que escribe con alguna dificultad.
Logra que los compañeros lean lo que escribe con algo de esfuerzo.
Logra que los compañeros lean lo que escribe perfectamente.
Claridad
Su letra es casi ilegible para el maestro.
Su letra es invasiva e irregular.
Su letra es irregular, aunque se puede leer.
Su letra es clara, aun con algunas excepciones.
Su letra es clara y concisa, y el maestro la lee perfectamente.


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