lunes, 2 de marzo de 2020

La utilidad de los deberes escolares
El debate como actividad de comunicación oral

En las siguientes líneas organizaremos una actividad de debate en el contexto de una clase de Lengua Española de Educación Primaria. Para ello, y en primer lugar, elegiremos el tema a debatir, posteriormente pasaremos a hablar de la dinámica de la actividad, y por último comprenderemos su desarrollo, considerando los casos de dos niños que no siguen la sesión al uso, proponiendo recursos de animación, y vislumbrando un sistema de evaluación adecuado al grado de implicación, a la calidad de las intervenciones, y al uso de la asertividad como herramienta de participación.


1. Elección del tema de debate

La elección del tema del debate es un factor clave para el éxito. Conseguir la implicación del alumnado no es fácil, por lo tanto convendrá tener en cuenta sus preferencias a la hora de plantear la discusión. Así habla Antonio Unzué, autor de algunos libros sobre implementación didáctica de contenidos lingüísticos que sirven como herramienta al profesorado de Educación Primaria. Y es que la elección de un tema es un ítem complejo, ya que requiere tener en cuenta diversos factores que afectan al correcto desarrollo de la actividad. Uno de ellos, como señala Unzué, es la implicación del alumnado en base a sus preferencias, aunque no debemos obviar demás proposiciones. Es decir, elegir un tema que implique al alumno es objetivo, pero no único objetivo. Es necesario tener en cuenta la calidad del tema, la admisibilidad de diversas opiniones sobre este, la adaptabilidad de aquel a la edad de los alumnos, el punto de vista ético, su trascendencia social…

Me hubiera gustado partir de la idea de hablar sobre bullying, por ejemplo, ya que parece un tema candente, de calidad, y que presupone la participación del alumnado. Pero, desafortunadamente, en su compendio, el bullying no sugiere diversas opiniones, al menos en su generalidad, y desde el punto de vista infantil. Sí que se podrían proponer métodos de resolución de conflictos, pero el debate tergiversaría su función a una simple lluvia de ideas que, aunque puede que buenas, no se dirigirían hacia la tarea que nos ocupa. También pensé en el uso que damos a las redes sociales, concretamente a Instagram, y aunque es verdad que admite diversos puntos de vista, en torno a la idea de compartir tu vida con los demás como cuestión a debatir, muchos niños que, por razón de edad, aun no se les permite acceso a Instagram, verían sus argumentos debilitados frente a los que sí los usan, ya que no controlarían tanto las redes sociales y se pudieran ver frustrados a la hora de debatir sobre algo que desconocen. Si no se conoce algo, mejor que no lo conozca todo el grupo, y que, a partir de cierta información, opinen. O bien, en caso contrario, que opinen a partir del dominio de un conocimiento que implique a todo el grupo. Pensé en alternativas que implicasen a todos los niños de un grupo, en algo que estuviera presente en su día a día, busqué un tema para que cuestionasen su realidad, para que alimentasen su espíritu crítico.

Pilar Álvarez es una columnista de El País que escribe artículos sobre educación. En 2016 trajo una de sus mejores entradas, la cual me da ahora la idea relativa al tema de debate. Huelga de deberes, no hagas las tareas, visita un museo, fue el título del artículo en cuestión. En él recogía las propuestas de múltiples asociaciones de madres y padres de alumnos de la escuela pública que se quejaban, cada vez más, de la carga de tarea que sus hijos tenían que soportar al venir del colegio. En dicho artículo, Álvarez implicaba un vídeo de concienciación, el cual es base para dinámica de la actividad que desarrollaremos posteriormente. De esta forma, el tema de debate pudiera plantear alguna de las siguientes cuestiones: ¿hay demasiados deberes para hacer en casa? ¿deben existir los deberes? ¿son útiles los deberes? Creo que me quedo con esta última, ya que, considero, cumple con todos los baremos expuestos anteriormente. En primer lugar, logra la implicación del alumnado al ser un tema que asume la realidad de su vida diaria. En segundo lugar, admite diferentes opiniones y puntos de vista a contrastar, porque unos se situarán a favor de su utilidad, como refuerzo del contenido dado en el cole, y otros se opondrán a esta, exponiendo que el trabajo de clase ya es suficiente. En tercer lugar, se trata de un tema de calidad, ya que recoge una cuestión real de la que pueden surgir reflexiones interesantes sobre hechos importantes, y no sobre temas banales. En cuarto lugar, se adapta a la edad del alumnado, de esto no hay ninguna duda. Por último, posee un fondo ético y de trascendencia social considerable, ya que alimenta el espíritu crítico de los alumnos en torno a su realidad, les impulsa a ser honestos (a no querer eliminar los deberes por pura vaguería, sino tener que reflexionar sobre su utilidad y conveniencia), y les implica en una cuestión de trascendencia en el ámbito educativo, del que ellos forman parte.

2. Dinámica de la actividad

Para la dinámica de nuestra actividad de comunicación oral, será necesario partir de unas premisas dadas por un centro educativo. Supongamos, pues, un colegio privado de infantil a bachillerato con línea 4 y ratio 20 cuyo horario escolar en Educación Primaria es de 09:00 a 17:00 y que cuenta con sesiones de 45 minutos de clase organizadas en tres por la mañana, tres a medio día, y dos por la tarde.

La actividad de debate que proponemos estará enfocada a quinto de primaria. La elección de este curso se basa en criterios de contenido y forma. Jean Piaget hablaba de los 10 años como edad en la que el niño se encuentra completamente sumergido en una etapa de operaciones concretas en la que ya era capaz de configurar estructuras mentales determinadas, opinar sobre hechos concretos y tangibles, y preocuparse por sí mismo. La organización de un debate a esta edad parece entonces asumible (sabrán qué opinión han suscrito y elaborarán estrategias mentales para fundar sus argumentos), así como el tema escogido, ya que implica una actividad que realizan todos los días (hecho concreto), y que es aplicable a su realidad cercana (hecho tangible). En el debate, el niño medirá además sus intereses y se cuestionará su rutina (se preocupará, en definitiva, por sí mismo).

Tenemos, pues, el tema a debatir y el curso en el que queremos llevar a cabo dicho debate; hablemos ahora del contexto. Comencemos a hablar del espacio. Existen múltiples espacios dentro de un centro escolar en los que llevar a cabo un debate, pero considero que dentro de todas las posibilidades, el aula es una extensión idónea por todas las posibilidades que nos ofrece en cuanto a su disposición. La mesa del maestro se dejará tal y como está, a un lado de la pizarra. Las de los alumnos, sin embargo, se pondrán en posición de debate. Suponiendo que el debate admita una división casi exacta de opiniones, situaremos dos filas de 4 mesas alineadas en la parte izquierda del aula (cuyos 8 integrantes defenderán una opinión), ya no mirando hacia la pizarra sino enfrentadas a otras dos filas de 4 mesas en la parte derecha de esta (cuyos 8 integrantes defenderán la opinión contraria), dejando un pasillo por el que podrá caminar el maestro, y cuyo final estará formado por 2 mesas mirando a la pizarra (cuyos 4 integrantes moderarán el debate). Sobrarán 2 mesas que se quedarán fuera del espacio del debate.

Siguiendo con el contexto, y dejando superada la cuestión del espacio, pasemos a hablar del tiempo. En el supuesto de colegio descrito anteriormente, parece que las dos sesiones de la tarde son el momento más adecuado para la realización de esta actividad. Es un momento en el que el niño, por un lado, ya lleva muchas horas lectivas y su capacidad de carga de trabajo ordinario es menor, y por otro, vuelve del patio un tanto alborotado, a la vez que cansado. Esta actividad es dinámica, pero a su vez, este dinamismo no requiere movimiento, sino que el niño está sentado tranquilamente mientras piensa, interviene y opina. Es necesario, además, que el debate abarque dos sesiones. Los primeros 20 minutos serán de introducción de la actividad, los siguientes 10 de organización del espacio, y quedarán 60 para trabajar el contenido, teniendo en cuenta un pequeño descanso entre medias y el tiempo para recoger y hacer la mochila, por lo que el núcleo de la actividad será de 50 minutos.

Superados el tema, el curso y el contexto, pasamos a hablar sobre las normas internas de la actividad de debate. En primer lugar, y tal y como hemos dicho, y suponiendo una división igualitaria en las opiniones, el grupo estará dividido en tres sectores, uno de 8 alumnos que defenderán la postura de la utilidad de los deberes, otro de 8 alumnos que se opondrán a esta, y otro de 4 alumnos que funcionarán como moderadores. La disposición del aula, que ya ha sido explicada, permite un orden dentro de la actividad. Dicho orden se transmite a través de unas normas, que pasamos a exponer a continuación, y por las cuales se debe de velar:
· Ambos grupos tienen, como máximo, un tiempo de 20 minutos de intervención cada uno.
· Los grupos interventores están compuestos por participantes de los cuales uno será el portavoz, otro el coordinador, otro el secretario y otro el encargado del silencio.
· El número de intervenciones de un participante es, como máximo, de cinco.
· Para hablar, el participante deberá levantar la mano hasta ser visto por un moderador, que apuntará su nombre a una lista de espera y le dará paso cuando proceda, siempre alternando una intervención por grupo, y nunca dos del mismo.
· Las intervenciones se deben realizar siempre desde el respeto.
· En orden de dinamizar el debate, se podrán realizar réplicas inmediatas que no requieran de levantar la mano, aunque estas deben de producirse justo en el momento en el que el replicado termine de hablar, y nunca pueden ser superiores a 10 segundos.
· Las réplicas atacan al argumento, no a la persona.
· El número de réplicas por participante es, como máximo, de dos.
· Se deberá guardar silencio durante las intervenciones de los compañeros. El encargado del silencio tendrá aquí una tarea de responsabilidad.
· Cada 10 minutos, los portavoces de cada uno de los grupos habrán recogido el compendio de ideas fundamentales que los participantes de su conjunto han expuesto.
· Todos los participantes contarán con una tarjetilla de papel en la que podrán, en caso de duda, apuntar términos que no entienden o cuestiones que desconocen. Estas tarjetas se las entregarán al secretario, y este al maestro, que, por la cara de detrás, escribirá una respuesta para volver a entregársela al participante por el mismo proceso.
· Los moderadores tendrán diversas funciones relativas a la calidad del debate. Dos de ellos llevarán la cuenta del número y tiempo de las intervenciones, cada uno de un grupo, mientras que los otros dos, velarán por el correcto desarrollo, pudiendo intervenir en caso de conflicto, y teniendo poder sancionador sobre el tiempo del grupo en caso de no guardar silencio, o sobre el número de intervenciones del participante en caso de faltar al respeto. Los cuatro podrán realizar intervenciones de carácter conciliador.
· En caso de considerar que se está siendo injusto con un grupo, el coordinador de este podrá quejarse a la mesa de moderadores para lograr subsanar la injusticia.

3. Desarrollo de la actividad

Cuando los niños suban del recreo largo, se encontrarán el aula dispuesta en la modalidad de debate que hemos descrito. Se sentarán en cualquier sitio, ya que de momento les será indiferente. El maestro comenzará a introducir el tema de debate. Expondrá, sobre el proyector, una imagen de la silueta de una persona con un interrogante en la cara. Entre todo el grupo tendrán que adivinar de quién se trata en torno a una serie de pistas que van apareciendo en bocadillos que salen de esta. Las pistas serán las siguientes:
· Me levanto a las 7 de la mañana.
· Trabajo 8 horas al día.
· Cuando llego a casa sigo trabajando, a veces hasta 3 horas.
· Muchas veces termino de trabajar a la hora de cenar.
· A veces el trabajo se complica y necesito hasta ayuda de mi familia.
· Los fines de semana y en vacaciones también trabajo.

Los niños podrían pensar en principio que se trata de un empresario, concretamente de un alto ejecutivo, o también de un emprendedor que lleva su negocio como autónomo. Luego se desvelará, si no lo descubren ellos, que se trata de un niño que al salir del colegio tiene que hacer muchos deberes. Posteriormente se pasará a leer el artículo de Pilar Álvarez. Una vez introducidos en la problemática que plantea el debate, se les dejará a los niños opinar tanto del vídeo como del artículo. El maestro intentará compensar los puntos de vista. Es decir, si la clase se declina por opinar, en su generalidad, que los deberes son una carga innecesaria, el maestro aportará argumentos que sostengan una perspectiva diferente, como la necesidad del trabajo autónomo, los valores que suscribe dicho trabajo, etc.

Gracias al vídeo, al artículo y a los comentarios del maestro, el alumno dispondrá de las bases suficientes para formar una opinión respecto a la temática. Es entonces cuando se plantearán las normas del debate. Se pedirá un total de cuatro voluntarios que sean moderadores. Se les explicará que un moderador tiene que sostener una posición neutral, y que sería ideal que los participantes que no tuviesen clara su postura, fueran moderadores. De esta forma, vamos a suponer una división de opiniones en ocho alumnos por postura, a lo que sumaremos los cuatro moderadores. A continuación, comenzará la actividad.

Estudiemos tres supuestos de desarrollo. En el primero daremos pie a que el debate transcurra como se espera, con el interés y la participación de todos. En el segundo supuesto expondremos una situación en la que el debate se estanca, atendiendo a su animación y dinamización. En el tercer supuesto estudiaremos el caso de dos alumnos a los que llamaremos, de ahora en adelante, Lucas y Berta, siendo Lucas un niño introvertido que no se involucra y Berta una niña extrovertida que participa de forma muy invasiva.

El primer supuesto no dará lugar a problemas, ya que el debate transcurrirá con normalidad. En su inicio, todos los niños habrán desatado un interés por la temática y lograrán desarrollar un punto de vista para, posteriormente, realizar intervenciones y rebatir argumentos según las normas de desarrollo expuestas anteriormente. Dado que desde el inicio del debate hasta el momento de irse hay 1 hora, este se dividirá en dos partes de 25 minutos cada una, dando pie a un descanso de 5 minutos entre medias y terminando la actividad 5 minutos antes para que de tiempo a recoger y prepararse para irse a casa.

El segundo supuesto considera una situación de estancamiento en la que los alumnos, tras haber intervenido un número contado de veces, comienzan a perder el interés hasta que solo son unos pocos los que realizan intervenciones o rebaten argumentos. En este caso, el maestro dispondrá de una pila de recursos para recuperar el interés por la temática y animar a que el debate siga fluyendo como en su comienzo. Expondremos aquí tres de estos recursos:
· Pasar de la teoría a la práctica: se trata de que el maestro se sitúe a favor de una de las posturas y proponga al grupo la realización práctica de su contenido. Por ejemplo, el maestro se posicionará en contra de la utilidad de los deberes, y propondrá a los alumnos que durante una semana, este solo se limite a dar el contenido teórico de matemáticas y a hacer un par de ejercicios, ya que considera que mandar ejercicios para casa a modo de práctica no es más que una pérdida de tiempo. De esta forma, avanzarían más rápido con el temario. ¿Qué opinarían?
· Preguntas canallas: con las últimas intervenciones de un debate que parece llamado al fracaso, el maestro elaborará, sobre cada intervención, preguntas que se opongan de lleno a su contenido, incitando a los niños a rebatir la réplica. Por ejemplo, ante la intervención de un niño que expone que si quitamos los deberes tendremos tiempo para estar con nuestra familia, el maestro pretenderá poner en apuros al alumno señalándole que su familia no suele llegar a casa hasta al menos las 18:30 o las 19:00, y que el tiempo que tardan en llegar lo podrían utilizar en otra cosa. Así, en cada una de las intervenciones, el maestro intercederá de forma que reavive el interés por el contenido del debate.
· Imitar a un sofista: durante un debate que ya parece estar dando sus últimas pinceladas, el maestro realizará intervenciones que sostengan, primero una postura, y tras las réplicas y apoyos hacia estas, realizará otras que sustenten lo contrario. Por ejemplo, argumentar que haciendo deberes te das cuenta de los fallos que no supiste ver en clase, para después rizar el rizo y sostener que si no te das cuenta en clase de los fallos, es imposible que los veas en casa, porque no esta el maestro para señalártelos.

El tercer supuesto figura la situación de dos niños, uno que no participa habitualmente en diálogos orales, llamado Lucas, y otra que no respeta, no escucha, y habla continuamente para imponer su punto de vista, llamada Berta. En lo que respecta a Lucas, hemos tratado de buscar un tema que se acerque a su realidad práctica del día a día, que admite diversas opiniones, que cuida su calidad, que se demarca en una franja de edad concreta, y que trabaja desde un punto de vista socialmente trascendente y esta a la orden del día. Lo más probable es que Lucas, al menos por dentro, ya haya tomado interés y partida sobre el debate, ahora se trata de ayudarle a expresar sus opiniones. Un buen punto sobre el que empezar es mediante intervenciones puntuales del maestro. Este podrá, de vez en cuando, intervenir en el debate y jugar con los puntos de vista, así como preguntar a los alumnos sobre ciertos ítems. Poco a poco irá preparando el terreno, y tras preguntar a dos o a tres, se lanzará a preguntar a Lucas, para que este no se vea tan presionado de ser el único al que preguntan, sino que sienta que es una parte más de la dinámica. Además, dicha pregunta debe ser abierta e intencionada, de forma que suscite una respuesta que a Lucas le sea fácil dar por su posición como participante. Tras su respuesta, no conviene darnos por satisfechos, sino seguir interactuando en el debate y, de vez en cuando, referirnos a la respuesta de Lucas de forma positiva. Por ejemplo, comenzando frases de la siguiente manera: tal y como dijo Lucas, como bien ha dicho Lucas o, lo que ha dicho Lucas me ha hecho pensar… De esta forma Lucas verá que sus intervenciones se reciben de buen grado, y que no pasa nada por participar. Habrá perdido parte de su miedo, y se verá animado a ser un miembro activo más dentro de la actividad.

En lo referente a Berta, las propias normas del debate condicionan su carácter invasivo. Si se incide bien en la explicación de estas, calará en su cabeza que sus intervenciones son limitadas, así como sus réplicas, por lo que buscará el momento idóneo y las palabras precisas. Además, y dado que existe la figura de los moderadores, en caso de pasarse de faltar al respeto a uno de los participantes, verá su participación en el debate más limitada aún. En cuanto al carácter autoritario de sus intervenciones, considero importante que el maestro de una charla previa al comienzo del debate. En ella distinguirá tres tipos de personalidades sociales. La primera será la sumisa, vista como aquella que no logra que sus argumentos sean escuchados por los demás, y que se acaba suscribiendo a los de otros. La segunda será la autoritaria, es decir, aquella que impone sus argumentos y no escucha los de los demás. La tercera, y a la que se debe tender, será la asertiva, definida como aquella capaz de lograr que sus argumentos sean tomados en cuenta, sin llegar a imponerlos, pero sin que pasen tampoco desapercibidos. El rango de autoridad, asertividad y sumisión se evaluará en la rúbrica que expondremos a continuación. En caso de que Berta realice una intervención o réplica que desacredite a otro niño y no trate de confrontar un argumento, el maestro tendrá que señalarlo y hacérselo ver.

Realizado el núcleo de la actividad, toca evaluar. Es importante que dicha evaluación se comience durante la actividad, siempre que se pueda, y se finalice no mucho tiempo después de que los niños se vayan a casa, ya que el maestro aun estará más fresco para acordarse de todas las actuaciones de los participantes. El método de evaluación será mediante rúbrica, la cual seguirá un total de 5 ítems, siendo los dos primeros relativos al contenido, y situándose los tres siguientes en torno a la forma. Estos ítems serán, pues, el entendimiento del tema, la fuerza de los argumentos, el uso de réplicas, el manejo de la asertividad, y el cumplimiento de las normas. Los moderadores recibirán mención a parte en la rúbrica. Pasemos a verla.

Evaluación
Insuficiente
Suficiente
Bien
Notable
Sobresaliente
Entendimiento del tema
No comprende la temática de la que se habla.
Se posiciona a favor de algo pero no lo comprende del todo. Moderadores: no comprenden algunas de las posiciones.
Se posiciona a favor de una postura que entiende. Moderadores: entienden las posturas.
Se posiciona a favor de una postura que domina. Moderadores: dominan las dos posturas.
Entiende la temática de la que se habla y domina las dos posturas, aunque se ubica sobre una.
Fuerza de los argumentos
Sus argumentos no se sintonizan con su postura.
Moderadores: intervienen por intervenir.
Sus argumentos se sintonizan con su postura. Moderadores: intervienen en consecuencia de algo que entienden.
Sus argumentos son acordes con su postura y aportan puntos de vista nuevos aunque un tanto simples.
Sus argumentos son acordes con su postura y aportan puntos de vista nuevos.
Sus argumentos manejan con destreza el punto de vista y ponen en problemas a sus oponentes. Moderadores: sus argumentos de mediación dan seguridad al debate.
Uso de réplicas
Sus réplicas no corresponden a los argumentos replicados. Moderadores: sus contestaciones no son acordes con el contenido.
Sus réplicas no atacan al contenido de los argumentos replicados. Moderadores: sus contestaciones no son útiles.
Sus réplicas atacan al contenido de los argumentos pero no aportan. Moderadores: las contestaciones son útiles.
Sus réplicas atacan al contenido y aportan nuevas premisas. Moderadores: sus contestaciones son beneficiosas.
Sus réplicas atacan al contenido y aportan premisas innovadoras. Moderadores: sus contestaciones dan lugar a la reflexión de los participantes.
Manejo de la asertividad
Impone su punto de vista sobre cualquier otro o se acoge al de otro alumno sin ni siquiera aportar el suyo.
Invade el debate con su punto de vista o se acoge al de otro realizando aportaciones.
Deja ver que su punto de vista es el más adecuado o se acoge a otro aun considerando su desacuerdo en ciertas partes.
Expone su argumento de forma notable.
Expone su argumento de forma notable y logra que se tome en consideración sin imponerlo.
Cumplimiento de las normas
No cumple las normas del debate. Moderadores: no entienden las normas del debate.
Se salta alguna norma de forma constante. Moderadores: tienen más en cuenta unas normas que otras.
Cumple con las normas pero juega con sus límites. Moderadores: son demasiado permisivos con los participantes.
Cumple con las normas y hace lo posible por atender a la correcta dinámica del debate.
Cumple con las normas e intenta que los integrantes del debate se adecúen a estas.

  

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